Un hombre recorría el bello sendero de las colinas Perimonte. Hace mucho soñaba con esa caminata; pero por una cosa u otra terminaba posponiéndola. Sus botas Salomon, su Rolex Explorer II, y su costoso equipamiento, mostraban que las abstinencias de este anciano en su juventud le acumularon una modesta pero suficiente fortuna. En fin, después de cuarenta años de planearlo, ya ahora podía disfrutar su gran sueño. Las horas que escogió fueron ideales. De hecho, todo era ideal. El sol naciente pintaba la atmosfera en tonos naranjas y violetas que realzaban escasas nubes, pequeñas y rechonchas. El clima no era frío, ni caliente, solo perfecto. Apenas sudaba, y eso porque, falto de experiencia, traía puestas más capas de ropa de las que necesitaba. Su paso era lento, así lo indicó su cardiólogo. El sendero ondulante se extendía por unos 6 kilómetros entre praderas con flores blancas, rosas y amarillas; entonces, se adentraba en un bosque de verdes encinos longevos que marcaban el pie ...
Viviendo lo cotidiano para la gloria de Dios